El tímpano, esa membrana finísima que se encuentra dentro del oído y que recoge el sonido, es una parte frágil del cuerpo. De hecho, una limpieza inadecuada del oído, un traumatismo por golpe, una infección de oído o incluso el buceo pueden causar una perforación del tímpano. Una presión excesiva sobre él, como la presión subacuática, también puede provocar una ruptura del tímpano.
Una perforación del tímpano a veces puede ser repentina y, en tales casos, extremadamente dolorosa. Por el contrario, pueden ocurrir perforaciones menos repentinas en ciertos casos de otitis crónica; el pus de la infección presiona la membrana, que finalmente se perfora. En caso de perforación del tímpano, es muy importante no sumergir el oído bajo el agua, ya que esto compromete el sellado: el agua puede entrar e inundar el interior del oído, pudiendo causar una infección. Los signos de una perforación del tímpano suelen ser sutiles; por ejemplo, la pérdida auditiva puede ser leve si la perforación es pequeña. Por el contrario, la pérdida auditiva puede ser de 20 o 30 decibelios si el tímpano presenta daños más graves.
En la mayoría de los casos, el tímpano cicatriza por sí solo, recuperando casi por completo su forma original, en un plazo de 2 a 3 meses. Si la membrana no se regenera, puede ser necesario un injerto de membrana timpánica, ya que a veces la perforación es más grave y la cicatrización no se produce con normalidad. Por eso es crucial una monitorización estrecha en caso de perforación del tímpano.
Se recomiendan varias prácticas diarias para limitar el riesgo de perforación del oído, especialmente al limpiarlos. El exceso de cerumen en el conducto auditivo externo debe eliminarse regularmente, y a menudo se desaconsejan los hisopos de algodón por su dureza. Se pueden reemplazar por palillos de cerumen, por ejemplo, los que se venden en farmacias, que permiten eliminar el exceso de cerumen de forma segura y suave. También se deben evitar métodos de autocuidado, como el uso de una pera de goma, que puede provocar otros problemas indeseables si no se domina la técnica. Una buena higiene auditiva también implica protegerlo del ruido; por lo tanto, no se recomienda usar un reproductor de música portátil a diario. Finalmente, para los aficionados al buceo, para equilibrar la presión del agua, ¡tapónganse la nariz y soplen aire en el oído!
Estas sencillas medidas de seguridad pueden ayudarles a evitar diversas molestias o complicaciones en el oído.
Marie Charlotte GERMOND
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